Lo que he aprendido del divorcio en general: happily unmarried.
No, no me he divorciado nunca porque para ello primero tendría que casarme alguna vez, y eso es prácticamente imposible. Pero he aprendido de aquella experiencia desde niña, y no necesariamente ha sido tan mala como las personas promedio y hasta los psicólogos lo dicen. Aún así, no creo que esto me reste capacidad para hablar sobre este tema.
Las personas suelen temerle al divorcio no sólo por la destrucción del hogar, sino por los comentarios de los demás, el factor económico (aquel que depende monetariamente del otro), la separación de bienes y sobre todo quién se queda con los hijos.
Viví la separación de mis padres cuando tenía ocho años. No puedo afirmar si en algún momento se habrán sacado los ojos, pues jamás permitieron que los vea en algún conflicto físico o verbal. Cuando ya fui adulta, supe los verdaderos motivos, y comprendí que no tenían más alternativa, y que no hicieron mejor elección que tomar cada uno su camino.
De ese episodio, que innegablemente para muchos es triste e incluso traumatizante, comprendí que cuando las personas son lo suficientemente maduras, y entienden que los hijos son lo más vulnerable en el desenlace del mismo, no debe considerarse un error. Luego de su divorcio, pude ver cordialidad y comunicación a pesar de sus diferencias, de hecho, aunque me quedé a vivir con mi madre, mi padre me visitaba todas las semanas, asistía a mi escuela y posteriormente el colegio, y siempre estaba en los eventos dentro del mismo, así como en mis cumpleaños. En Navidad y año nuevo, simplemente se turnaban. Todo esto gracias a que mi madre nunca le negó el derecho a mi padre de mantener su relación conmigo y mi padre tampoco olvidó sus deberes; por todo esto, debo darles las gracias, ya que me enseñaron el valor de vivir con la verdad y lo esencial que es la valentía para decidir por el bienestar de los tres.
Los divorcios que he visto dentro de mi familia y mis amigos no han sido exactamente en buenos términos como lo que vi entre mis padres, mi experiencia como hija de padres divorciados no necesariamente representa lo que sucede, sin embargo, también puedo afirmar que he aprendido varias cosas:
1. Es indudable que la custodia casi siempre es otorgada a la madre, es un hecho que ocurre prácticamente por default. La capacidad e idoneidad del padre simplemente es descartada.
2. Las parejas muchísimas veces compiten entre sí para demostrar a sus hijos quién es mejor padre mediante lo material, en vez de reflexionar sobre la importancia de la calidad de tiempo que les brindan.
3. La comunicación y concensos sobre la crianza de los hijos es relegada a segundo plano. Este punto es importante, pues la disciplina deberían impartirla ambos padres de la misma manera.
Desde mi perspectiva puedo concluir que: no sirve de nada mantener la apariencias si lo que los niños absorberán es que lo "normal" dentro de un hogar es la violencia verbal o física, la falta de comunicación y de amor o la apatía provocada por lo antes mencionado. No todos tienen el coraje para optar por una separación y romper el círculo vicioso, el dolor y el estrés que implican sostener una mentira, sin embargo, a pesar de lo duro que significa tomar esta decisión, quienes logran hacerlo, no sólo han decidido por sí mismos y su libertad, sino que la lección a enseñar a los hijos será que lo que se rompió fue el matrimonio y no la relación padre-madre-hijos. El mundo sería un paraíso si todos los que están en este proceso asimilaran que lo único que importa es el bienestar de aquellos a quienes procrearon y decidieron proteger, y ese bienestar es posible también a través de la paz entre los padres. Si usted no es capaz de considerar que una relación puede llegar a su fin o que no puede dejar de depender emocionalmente del otro, o ser lo suficientemente civilizado para llegar a acuerdos, entonces no se case, o mejor aún, NO TENGA HIJOS.
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